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| Portada de Todo en Domingo (El Nacional), 9 de enero de 2000. Ilustración para un artículo sobre las predicciones del siglo XXI. |
Regresé a mi planeta Venezuela después de pasar casi seis meses en Australia. Era 1999 cuando recibí la invitación para incorporarme como colaborador de la naciente revista Todo en Domingo, donde me asignaron la ilustración de la sección Crónica, escrita por Pablo Antillano.
Pablo era un tipo genial, dueño de una lucidez que abría la ciudad como si fuera un libro extendido sobre la barra de alguna tasca en La Candelaria. Nuestra colaboración fue breve, pero dejó una huella que aún hoy siento cercana, a pesar de habernos visto solo un par de veces.
Nos comunicábamos por correo. A finales de los noventa yo ya vivía entre mis desaparecidos Yahoo y Hotmail. 1999 fue también el descubrimiento de la banda ancha, gracias a mis colegas diseñadores del estudio que compartíamos. Aquel lugar —nuestra última estación— era el apartamento de los personajes de Friends. Después de ese Big Bang, cada uno tomó su rumbo. París y Susana me abrieron las puertas en el año 2000, y desde allí seguí trabajando para Todo en Domingo hasta 2001.
Siempre me quedó la sensación de que Pablo y yo nos debíamos una conversación larga, en alguna tasca de Caracas o en algún bar perdido de París.
El destino, que a veces escribe como un guionista de Monty Python, decidió otra cosa. El 6 de febrero de 2019, día de mi cumpleaños, supe que ya era tarde para vernos de nuevo. Entre todas las imágenes que ilustraron esos dos años de trabajo conjunto, hubo una que se volvió emblemática para ambos: aquel león de Caracas levantando una copa. Ese brindis quedó suspendido en el tiempo, como si todavía lo compartiéramos él y yo, cada uno desde su orilla.
Hace pocos días decidí comenzar a reconstruir este archivo: imágenes, recortes, fragmentos de una época que casi ha desaparecido de la red. En medio de ese proceso apareció un obstáculo muy de la vieja escuela: muchas de las ilustraciones estaban guardadas en un CD. Busqué una laptop antigua que aún tenía lector, introduje el disco y no ocurrió nada; incluso quedó atascado. Al día siguiente, mientras hacía otra cosa, el lector sonó de repente y las carpetas se abrieron como si despertaran de un sueño. Pude recuperar todas las imágenes. Todavía me pregunto cómo pasó. Y sí, uno mira alrededor, sonríe un poco y piensa: Pablo… ¿fuiste tú?
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| Ilustración publicada en la crónica “La Ciudad Espectáculo”, Todo en Domingo, 14 de noviembre de 1999. Lo considero el símbolo de nuestra colaboración. |
Premio Pedro León Zapata 2001
Corría el año 2001. En un viaje que hicimos a Venezuela para mi matrimonio con Susana en Caracas, días antes me comunicaron que había recibido el Premio Pedro León Zapata al mejor caricaturista de la prensa nacional. Fue un reconocimiento totalmente inesperado y, al mismo tiempo, profundamente ligado a ese período: a la colaboración con Pablo, a la energía de la revista, a la ciudad que todavía se podía recorrer con cierta inocencia. El premio fue compartido con mi colega Roberto Weil, en una edición excepcional que celebraba dos miradas distintas sobre un mismo oficio.
Aquí reúno el diploma original y los recortes de prensa de la época, no solo como prueba documental, sino como parte de la memoria de ese momento. Son fragmentos de un tiempo que ya no existe, pero que sigue iluminando estas imágenes que ahora vuelven a ver la luz.
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| Diploma del Premio Pedro León Zapata 2001, otorgado por El Nacional al mejor caricaturista de la prensa nacional. |
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| Artículo “La realidad ilustrada”, publicado en El Nacional, donde se reseña la edición del Premio Pedro León Zapata compartida con Roberto Weil. |
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| Crónica “Aplausos en dos actos”, que registra el acto de premiación y menciona mi reconocimiento como caricaturista de Todo en Domingo. |
CRÓNICA (1999–2001)
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Página original de la crónica “La Ciudad Espectáculo”, escrita por Pablo Antillano e ilustrada por Leonardo Rodríguez, publicada en Todo en Domingo el 14 de noviembre de 1999.
El león es el símbolo fundacional de Caracas: un león rampante que sostiene la concha de Santiago Apóstol, en alusión al nombre original de la ciudad, Santiago de León de Caracas, fundada el 25 de julio de 1567. Esta ilustración reinterpreta ese emblema histórico con un guiño a la Estatua de la Libertad, mezclando dos ciudades que siempre han marcado mi imaginario.
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| Crónica “Insomnio”, escrita por Pablo Antillano e ilustrada por Leonardo Rodríguez. Publicada en Todo en Domingo, 2001. |
La crónica de Pablo Antillano recorre el insomnio desde Margarita hasta San Bernardino. No siempre ayuda contar ovejas para coger el sueño en casa, mientras esos personajes en la calle son el “soundtrack” de la noche, como ese fregadero que gotea. El original formó parte de la exposición Art, Humour et Rock N'Roll en la Galería Aarnor (Bélgica, 2024), donde fue adquirido por un coleccionista
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| Ilustración “Insomnio” realizada por Leonardo Rodríguez para la crónica de Pablo Antillano publicada en Todo en Domingo, 2001. |
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Crónica “La Divina Comedia”, escrita por Pablo Antillano e ilustrada por Leonardo Rodríguez para Todo en Domingo, 26 de noviembre de 2000.
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Ilustración de Leonardo Rodríguez para la crónica “La Divina Comedia”, publicada en Todo en Domingo el 26 de noviembre de 2000.
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| Crónica “Simulacros”, escrita por Pablo Antillano e ilustrada por Leonardo Rodríguez para Todo en Domingo, 16 de enero de 2000. |
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Ilustración de Leonardo Rodríguez para la crónica “Simulacros”, publicada en Todo en Domingo el 16 de enero de 2000. Original adquirido en Caracas por un coleccionista que actualmente reside en Estados Unidos.
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La crónica se inspira en un episodio muy comentado tras la tragedia de Vargas en 1999, cuando un individuo fingió ser víctima durante una transmisión radial. Ese caso, que mezcló emoción, espectáculo y engaño, sirve de punto de partida para la reflexión sobre la realidad y el simulacro. La ilustración de Leonardo Rodríguez traduce ese clima en clave satírica.
Crónica “Preocupaciones”, escrita por Pablo Antillano e ilustrada por Leonardo Rodríguez para Todo en Domingo, 26 de diciembre de 1999.
Publicada a finales de 1999, esta crónica aborda el temor global al “Efecto 2000”. La ilustración de Leonardo Rodríguez se lo toma con humor dentro de la tradición venezolana de la parranda hasta amanecer, a punta de cuatro, maracas y furruco. No puede faltar la ropa interior amarilla de estos tres “millennium bugs”… por si acaso, para asegurar la buena suerte. Así que: “¡Feliz Año 2000!”
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Crónica “Preocupaciones”, escrita por Pablo Antillano e ilustrada por Leonardo Rodríguez para Todo en Domingo, 26 de diciembre de 1999.
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Crónica “Sensación de cambio”, escrita por Pablo Antillano e ilustrada por Leonardo Rodríguez para Todo en Domingo, 16 de julio de 2000.
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Ilustración “Sensación de cambio” realizada por Leonardo Rodríguez para la crónica de Pablo Antillano publicada en Todo en Domingo, 2000. Original adquirido por un coleccionista en Austria.
Crónica “El gavilán”, escrita por Pablo Antillano e ilustrada por Leonardo Rodríguez. Publicada en Todo en Domingo, 2000
Ilustración de Leonardo Rodríguez para la crónica “El gavilán”, publicada en Todo en Domingo en el año 2000.
Crónica “Polémicas”, escrita por Pablo Antillano e ilustrada por Leonardo Rodríguez. Publicada en Todo en Domingo, el 12 de noviembre de 2000.
Ilustración de Leonardo Rodríguez para la crónica “Polémicas”, publicada en Todo en Domingo el 12 de noviembre de 2000.
Crónica “La revolución de la alarma”, escrita por Pablo Antillano e ilustrada por Leonardo Rodríguez. Publicada en Todo en Domingo en el año 2000.
Ilustración de Leonardo Rodríguez para la crónica “La revolución de la alarma”, publicada en Todo en Domingo en el año 2000.
Página completa de la crónica “Nieve”, escrita por Pablo Antillano e ilustrada por Leonardo Rodríguez. Publicada en Todo en Domingo (El Nacional), año 2000.
Esta crónica arranca con la noticia de una nevada absurda el 25 de diciembre del año 2000, atribuida a un misterioso “Anarchic Adjustment” que, según dicen, puso al mundo patas arriba. En Caracas, el caos se vuelve todavía más delirante: poetas, escritores y hasta psiquiatras son convocados en tascas para descifrar el fenómeno, como si la nieve necesitara comité literario. Y al final, la explicación parece estar en manos de un “periodista trasnochado”… y en la digestión de las hallacas.
Ilustración de Leonardo Rodríguez para la crónica “Nieve”, publicada en Todo en Domingo (El Nacional), año 2000.
Crónica “Fe”, Todo en Domingo, 19 de diciembre de 1999. Ilustración de Leonardo Rodríguez. Nota sobre la Crónica: Releyendo esta crónica de Pablo Antillano, no puedo evitar sentir que me interpela sobre el presente y sobre esos gurús de las dietas en las redes que aseguran que nada de lo que haces —ni cómo comes— sirve… que solo sirve su método, su suscripción y su fórmula milagrosa. Me toca el tema porque, aunque mis kilos de más son pocos, el algoritmo me tiene vigilado.
Volviendo a Pablo, leyendo otra vez este texto escrito antes de las redes sociales y de toda esta locura cibernética, me miro en ese espejo y sí… amigo, cuánta razón tenía. Las dietas: su lado intuitivo, metódico, experimental; el conocimiento científico y la fe… todo mezclado en un mismo plato. “El modelo”. Ilustración de Leonardo Rodríguez para la crónica de Pablo Antillano, publicada en Todo en Domingo, 2001.Página de CRÓNICA publicada en Todo en Domingo en 2001. Pablo Antillano reflexiona sobre la idea del “modelo” cubano y su influencia en la región. Pablo se hacía preguntas que el tiempo y los hechos terminaron respondiendo, especialmente en torno a las nuevas élites políticas, económicas y militares. Veinticinco años después ocurre esta reciente ruptura con aquel modelo y este período inédito, extraño y complicado de “transición”, en el que estamos como tratando de caminar de nuevo, no sin tropiezos. En ese 2001, después de leer a Pablo, la imagen que me vino a la cabeza fue esta interpretación particular de los nuevos “pioneros” de la economía venezolana. Por entonces llevaba menos de un año viviendo en París; todavía había gente en Caracas que me decía: “¿Por qué te fuiste? Si aquí está lo tuyo…”. También hubo quien me soltó aquello de preferir ser “cabeza de ratón que cola de león”. Hoy, veinticinco años después, releo la crónica desde Barcelona, la mediterránea. Veintiséis años después no sé si estoy más lejos o más cerca de qué… a decir verdad, más cercano a mi presente, pero con un ojo puesto en el retrovisor.
Ilustración para la crónica “Chao”, Todo en Domingo, 1999. Arte de Leonardo Rodríguez Releyendo esta crónica de Pablo Antillano solo sé que la ilustración fue publicada en 1999; no conservo la página de ese número de la revista. Aun así, puedo intentar deducir de qué iba revisando los elementos que usé. Para quien no es venezolano, “chao” seguramente viene del italiano ciao, que sirve tanto para saludar como para despedirse, pero en Venezuela quedó solo como forma de decir adiós. En la imagen seguramente me inspiré un poco en El Quinto Elemento, a su vez con su estética de Moebius y Bilal. En lugar de Leeloo, se me ocurrió poner a la chica con una estética de esas que se veían en el barrio de Newtown, con rastas de colores. En lugar de Korben Dallas puse a un crash test dummy que parece quejarse del tráfico del mediodía, por la hora marcada en el taxi… quizá en una Caracas futurista. Lo que sí puedo confirmar es que, en este 2026, esa ciudad no existe.
Página completa de la crónica “Regreso a casa”, escrita por Pablo Antillano e ilustrada por Leonardo Rodríguez, publicada en Todo en Domingo en 1999. Releyendo esta CRÓNICA publicada en Todo en Domingo en 1999. En “Regreso a casa”, Pablo Antillano construye un relato íntimo sobre los afectos, las distancias y los reencuentros que marcan la vida de quienes parten y regresan. A través de la historia de Silvia y Miguel, Pablo explora ese territorio emocional donde conviven la nostalgia, la memoria y la posibilidad —o imposibilidad— del retorno. Querido Pablo, cuántas historias como esa se acumularon hasta aquel 2019… Y sí, por fortuna no viviste la pandemia. Pero si vieras todo lo que ha pasado desde entonces con ese montón de historias de partidas y regresos… Tú y yo nos conocimos en aquel bar de la Solano, después de mi regreso de aquel down under. Un año después de publicar esta crónica me tocó a mí mismo coger la maleta y cruzar el Atlántico. Ya no me planteo volver, y tengo asumida mi condición de “generación de transición”. Bueno… los X somos, en buena parte, transición entre dos mundos. Aunque mis hijos hayan nacido y crecido en Europa, a veces surge —de manera espontánea— ese impulso de saber de dónde somos. Mi hijo quiere conocer ese país que dejé atrás, y mi hija mayor está haciendo un árbol genealógico. No se lo pedí: nació de ellos. No quiero regresar, pero confieso que muchas veces he soñado con un extraño retorno a lugares mezclados: un malandro que me persigue, una Caracas que no es Caracas, un viaje a Cumaná que dura un segundo… una Cumaná que no es Cumaná. Sueños en los que estoy en el liceo y me falta una materia; sueños en los que todavía vivo en la Residencia Rodia de Los Chaguaramos; sueños en los que me atracan en el teléfono público otra vez. En algún momento regresaré de visita, a enfrentarme al vacío que quedó. Iré a ver a la familia que me queda allá, a los amigos que se quedaron. Ya no tengo una casa a la que regresar, pero sí un pasado que revisitar para no olvidar nunca de dónde vine. Ya tengo 26 años fuera de Venezuela, pero aunque uno no vuelva… “todos vuelven por la ruta del recuerdo”. RB.
¿Qué escribirías ahora, querido Pablo, en este 2026…? |
Nota: Archivo en desarrollo. Este espacio crecerá con nuevas páginas, ilustraciones y materiales hemerográficos que iré incorporando de forma continua.